Introducción a la Anatomía y Fisiología

El cuerpo humano, es un complejo mecanismo de precisión, cuya fortaleza y rendimiento dependen del funcionamiento correcto y de la coordinación armónica de los órganos y sistemas que lo compongan, que se denomina aparato locomotor.

 La ANATOMÍA (del griego, anatomē, «disección»), es la rama de las Ciencias Naturales relativa a la organización de las estructuras e interacciones de los seres vivos. Es una ciencia muy antigua, que fue padre de las Ciencias Médicas o Medicina y cuyos orígenes se remontan a la prehistoria. Durante siglos los conocimientos anatómicos se han basado en la observación de plantas y animales diseccionados. Sin embargo, la comprensión adecuada de la arquitectura anatómica implica un conocimiento de la función de los organismos vivos. Por consiguiente, la anatomía es casi inseparable de la FISIOLOGÍA, que a veces recibe el nombre de anatomía funcional.

APARATO LOCOMOTOR

Este está constituido por el conjunto de los huesos, articulaciones, músculos, ligamentos y tendones. Su función es facilitar la deambulación voluntaria en respuesta a las órdenes recibidas de los sistemas nervioso y endocrino. La estructura de los huesos constituye el esqueleto, del cual forma parte de una estructura de elementos pasivos del aparato locomotor que actúan como soporte y protección de las partes más delicadas del organismo. Por el contrario, los músculos constituyen el elemento activo de la estructura del aparato locomotor, dado que intervienen directamente facultando el movimiento.

Algunos músculos no están asignados específicamente a realizar actividades locomotoras, por ejemplo los de la cara, capaces de expresar gestos, sentimientos y estados de ánimo; o los que emiten sonidos, como la voz, que permiten realizar a los humanos la actividad de comunicación más efectiva con su entorno. Ésta es probablemente una de las capacidades de relación más importantes en el ser humano, pues no sólo constituye un medio de comunicación vocal con otros congéneres, sino también de expresión artística y social (canto, poesía, etc.)

Una de las maneras más fáciles y didácticas que encontramos para estudiar cada componente del aparato locomotor es desmenuzar su estructura  y describir cada uno de ellos por separado.

Músculos de la pierna
  1. Huesos
  2. Articulaciones
  3. Ligamentos 
  4. Músculos
  5. Tendones
  1. HUESOS: el cuerpo humano se sostiene erguido sobre una estructura realmente compleja conocida como esqueleto, este está formado por 206 huesos, que están unidos entre sí a través de las articulaciones. Sobre estos se disponen los músculos, creando el aparato locomotor que permite la movilidad del cuerpo. El hueso está compuesto por tejido óseo, que forma parte del endoesqueleto de los vertebrados. Está compuesto por tejidos duros y blandos. Los huesos poseen una cubierta superficial de tejido conectivo fibroso llamado periostio y en sus superficies articulares están cubiertos por tejido conectivo cartilaginoso. También cuenta con vasos y nervios que, respectivamente irrigan e inervan su estructura.
Partes del hueso.

Se clasifica cada tipo de tejido óseo existe en el organismo en proporciones que dependen directamente de las fuerzas o tensiones que tiene que soportar. Así, se distinguen los siguientes:

  • HUESOS LARGOS: presentan una forma cilíndrica, predomina la longitud sobre el ancho y grosor, se dividen en tres porciones un cuerpo y dos extremos (proximal y distal), generalmente se encuentran en los miembros locomotores. Ejemplos: húmero, fémur, etc.
  • HUESOS CORTOS: presentan una forma cuboide, siendo que ninguna de sus dimensiones predomina, su función es de amortiguamiento. Ejemplos: huesos del carpo y tarso.
  • HUESOS PLANOS: su principal característica es que son más anchos y largos que gruesos, su función es la de proteger tejidos blandos e inserción de grandes masas musculares. Ejemplos: escápula u omóplato, huesos del cráneo y coxal.
  • HUESOS SESAMOIDEOS: se desarrollan dentro de tendones, en donde incrementan la ventaja mecánica para el músculo (como en la rótula) a través de una articulación.
  • HUESOS IRREGULARES: no presentan forma o división predominante para su agrupación, son impares y se localizan en la línea media, sus funciones son variables aunque la de mayor importancia es la protección del sistema nervioso central. Ejemplos: vértebras, occipital, falange distal.

Hay bibliografías que también nombran una clasificación de huesos irregulares, que son aquellos que no pueden agruparse en ninguno de los grupos anteriores y son aquellos que tienen cavidades llenas de aire como por ejemplo el maxilar.

En cuanto a la composición de los huesos en el ser humano, son órganos tan vitales como los músculos o el cerebro, con una amplia capacidad de regeneración y reconstitución. Durante el crecimiento de los huesos en longitud éstos poseen células cartilaginosas que van siendo sustituidas por células de tejido óseo. Al concluir esta etapa, es decir, al final de la adolescencia, el cartílago de crecimiento ya está totalmente osificado. Por su parte, el crecimiento en grosor tiene lugar mediante el depósito de capas concéntricas de hueso a partir del tejido conjuntivo o periostio.

Musculos del torax

La constitución general del hueso es la del tejido óseo. Si bien no todos los huesos son iguales en tamaño y consistencia, en promedio, su composición química es de un 25 % de agua, 45 % de minerales como fosfato y carbonato de calcio, y 30 % de materia orgánica, principalmente colágeno y otras proteínas. Así, los componentes inorgánicos alcanzan aproximadamente 2/3 (65 %) del peso óseo (y tan solo un 35 % es orgánico).

Los minerales de los huesos no son componentes inertes ni permanecen fijos sino que son constantemente intercambiados y reemplazados junto con los componentes orgánicos en un proceso que se conoce como remodelación ósea. Su formación está regulada por las hormonas y los alimentos ingeridos, que aportan vitaminas de vital importancia para su correcto funcionamiento. Sin embargo, no todas las partes del cuerpo tienen este tipo de tejido.

El hueso se forma por sustitución de un tejido conectivo preexistente (el cartílago). Dos tipos de osificación: intramembranosa (o directa) y endocondral (o indirecta).

Rodilla

Osificación intramembranosa (o directa): tiene lugar directamente en el tejido conectivo. Por este proceso se forman los huesos planos de la bóveda del cráneo. El mensénquima se condensa en conjuntivo vascularizado en el cuál las células están unidas por largas prolongaciones y en los espacios intercelulares se depositan haces de colágeno orientados al azar que quedan incluidos en la matriz (gel poco denso). La primera señal de formación ósea es la aparición de bandas de matriz eosinófila más densas que se depositan equidistantemente de los vasos sanguíneos que forman la red. Las células se agrandan y se reúnen sobre las trabéculas, adquieren forma cuboidea o cilíndrica y permanecen unidas por prolongaciones cortas, se hacen más basófilas transformándose en osteoblastos que depositan matriz osteoide no calcificada. Las trabéculas se hacen más gruesas, se secreta colágeno que forma fibras orientadas al azar formando hueso reticular (colágeno). Se depositan sales de calcio sobre la matriz extracelular (calcificación). Debido al engrosamiento trabecular los osteoblastos quedan atrapados en lagunas y se convierten en osteocitos que se conectan con los osteoblastos de la superficie por medio de los canalículos. El número de osteoblastos se mantiene por la diferenciación de células primitivas del tejido conjuntivo laxo. En las áreas de esponjosa que debe convertirse en hueso compacto las trabéculas siguen engrosándose hasta que desaparecen los espacios que rodean los vasos sanguíneos. Las fibras de colágeno se vuelven más ordenadas y llegan a parecerse al hueso laminar pero no lo son. Donde persiste el esponjoso termina el engrosamiento trabecular y el tejido vascular interpuesto se transforma en tejido hematopoyético. El tejido conjuntivo se transforma en el periostio. Los osteoblastos superficiales se transforman en células de aspecto fibroblástico que persisten como elementos osteoprogenitores en reposo ubicados en el endostio o el periostio pudiéndose transformar de vuelta en osteoblastos si son provocados por ese motivo.

Rodilla, ligamento forzado

Osificación endocondral (o indirecta): la sustitución de cartílago por hueso se denomina osificación endocondral. Aunque la mayoría de los huesos del cuerpo se forman de esta manera, el proceso se puede apreciar mejor en los huesos más largos, lo que se lleva a cabo de la manera siguiente:

Desarrollo del modelo cartilaginoso: en el sitio donde se formará el hueso, las células mesenquimatosas se agrupan según la forma que tendrá el futuro hueso. Dichas células se diferencian en condroblastos, que producen una matriz cartilaginosa, de tal suerte que el modelo se compone de cartílago hialino. Además se desarrolla una membrana llamada pericondrio, alrededor del modelo cartilaginoso.

Crecimiento del modelo cartilaginoso: cuando los condroblastos quedan ubicados en las capas profundas de la matriz cartilaginosa, se les llama condrocitos. El modelo cartilaginoso crece en sentido longitudinal por división celular continua de los condrocitos, acompañada de secreción adicional de matriz cartilaginosa este proceso genera un aumento de longitud que se llama crecimiento intersticial (o sea, desde dentro). En contraste, el incremento en el grosor del cartílago se debe principalmente a la adición de matriz en la periferia del modelo por nuevos condroblastos, los cuales evolucionan a partir del pericondrio. A este tipo de desarrollo por depósito de matriz sobre la superficie cartilaginosa se le llama desarrollo por aposición. Al continuar el crecimiento del modelo cartilaginoso, se hipertrofian los condrocitos de su región central, probablemente en virtud de que acumulan glucógeno para la producción de ATP y de que sintetizan enzimas que catalizarán las reacciones químicas. Algunas de las células hipertróficas explotan y liberan su contenido, lo que modifica el pH de la matriz, este cambio activa la calcificación. Otros condrocitos del cartílago en calcificación mueren porque la matriz ya no difunde los nutrientes con rapidez suficiente. Al ocurrir esto, se forman lagunas que tarde o temprano se fusionan para formar cavidades pequeñas.

Desarrollo del centro de osificación primario: una arteria nutricia penetra en el pericondrio y en el modelo cartilaginoso en calcificación a través de un agujero nutricio en la región central del modelo cartilaginoso, los cual estimula que las células osteógenas del pericondro se diferencien en osteoblastos. Estas células secretan, bajo el pericondrio, una lámina delgada de huso compacto, llamada collar de matriz ósea cuando el pericondrio empieza a formar tejido óseo, se le conoce como periostio cerca del centro del modelo crecen capilares periósticos en el cartílago calcificado en desintegración. El conjunto de estos vasos y sus correspondientes osteoblastos, osteoclastos y células de la médula ósea roja recibe el nombre de brote perióstico o yema perióstica al crecer en el modelo cartilaginoso, los capilares inducen el crecimiento de un centro de osificación primario, región en que el tejido óseo sustituye la mayor parte del cartílago. Luego los osteoblastos comienzan a depositar matriz ósea sobre los residuos del cartílago calcificado, con lo que se forman las trabéculas del hueso esponjoso. A medida que el centro de osificación se alarga hacia los extremos del hueso, los osteoclastos destruyen las trabéculas recién formadas. De este modo se forma la cavida medular, en el centro del modelo, la cual se llena después con médula ósea roja. La osificación primaria principia en la superficie exterior del hueso y avanza hacia el interior.

Desarrollo de los centros de osificación secundarios: la diáfisis, que al principio era una masa sólida de cartílago hialino, es reemplazada por hueso compacto, cuyo centro contiene la cavidad llena de médula ósea roja. Cuando los vasos sanguíneos penetran la epífisis, se forman los centros de osificación secundarios, por lo regular hacia el momento del nacimiento. La formación de hueso es similar a la que tiene lugar en los centros de osificación primarios; sin embargo, se diferencia en que el tejido esponjoso permanece en el interior de la epífisis (no se forma la cavidad medular). La osificación secundaria se inicia en el centro de la epífisis y prosigue hacia el exterior, en dirección a la superficie externa del hueso.

Formación del cartílago articular y de la placa epifisiaria: El cartílago hialino que cubre las epífisis se convierte en cartílago articular durante la niñez y la adolescencia se conserva cartílago hialino entre la diáfisis y las epífisis, el cual se conoce como placa epifisiaria y es la que permite el crecimiento longitudinal de los huesos largos.

Los huesos poseen varias funciones en el organismo humano, entre ellas destacan funciones mecánicas, metabólicas y sintéticas.

Funciones mecánicas

Protección: los huesos forman diversas cavidades que protegen a los órganos vitales de posibles traumatismos. Por ejemplo, el cráneo o calota protege al cerebro de posibles golpes que pueda sufrir este, y la caja torácica (o sea, las costillas y el esternón), protegen a los pulmones y al corazón.

Sostén: los huesos forman un cuadro rígido, que se encarga del sostén de los órganos y tejidos blandos.

Movimiento: gracias a los músculos que se fijan a los huesos a través de los tendones, y a sus contracciones sincronizadas, el cuerpo se puede mover.

Transducción de sonido: los huesos son importantes en el aspecto mecánico de la audición que se produce en el oído medio

Funciones metabólicas

Almacenamiento de minerales: los huesos actúan como las reservas minerales más importantes del cuerpo, sobre todo de calcio y fósforo.

Almacenamiento de factores de crecimiento: la matriz ósea mineralizada contiene importantes factores de crecimiento como el factor de crecimiento insulínico, el factor de crecimiento transformante beta, la proteína morfogénica ósea y otros.

Almacenamiento de energía: la médula ósea amarilla actúa como reservorio de ácidos grasos, importantes para la homeostasis energética.

Equilibrio ácido-base: la absorción o liberación de sales alcalinas desde los huesos hacia la circulación amortigua los cambios excesivos en el pH sanguíneo.

Función endocrina:

 Los huesos controlan el metabolismo del fosfato por la liberación de factor de crecimiento de fibroblastos 23 (FGF-23), que actúa sobre los riñones para reducir la reabsorción de fosfato. Las células óseas también libera una hormona llamada osteocalcina, lo que contribuye a la regulación de glucosa en la sangre y la deposición de grasa.

Desintoxicación: los huesos pueden almacenar metales pesados y otros elementos externos al cuerpo, sacándolos de la sangre y reduciendo sus efectos en otros tejidos. Estos luego pueden ser puestos en libertad poco a poco para su excreción.

Funciones sintéticas

Hematopoyesis: la médula ósea roja, que se encuentra en el tejido esponjoso de los huesos largos se encarga de la formación de las células sanguíneas.

TEJIDO OSEO: es el tejido que forma la parte fundamental de los huesos; es un tipo de tejido conectivo. Se caracteriza por estar formado por células rodeadas de una sustancia denominada matriz ósea, donde abunda gran cantidad de fibras proteicas,  sales minerales, principalmente de fosfato y carbonato cálcico y células óseas. Las principales funciones del tejido óseo son el sostén, la protección de los órganos internos, el movimiento del cuerpo mediante el esqueleto, la contención y protección de la médula ósea en el interior de los huesos largos y la de reserva de diferentes minerales, como por ejemplo el calcio.

El tejido óseo se clasifica en función de su estructura en dos formas bien diferenciadas, el tejido óseo compacto y el esponjoso. Los límites perfectamente marcados entre las dos áreas existiendo entre ellos una pequeña zona de transición.

. El tejido óseo compacto tiene solo un 10% de porosidad y constituye el 80% del esqueleto humano. Este se encuentra en la parte central y externa de los huesos largos formando la diáfisis, en el exterior e interior de los huesos planos y en distintas zonas de los huesos cortos. Este tejido crea una capa compacta que evita que los huesos se fractures o se astillen. En su composición, destacan unas estructuras cilíndricas longitudinales llamados osteonas o conductos de Havers. Están formadas por laminillas concéntricas de osteocitos por donde circulan vasos sanguíneos, vasos linfáticos y fibras nerviosas. Estos conductos están intercomunicados entre sí, así como con las superficies externas e internas del hueso, mediante unos conductos transversales de Volkmann.

El tejido esponjosoo trabecular posee una porosidad muy elevada que varía entre el 50 y el 90%, y conforma el 20% restante de los huesos. Este tejido se encuentra en los extremos de los huesos largos, formando las epífisis, y en los huesos cortos y planos. Este tejido forma una red de celdas tridimensionales irregulares llamadas trabéculas, donde se localizan los osteocitos. Esta estructura es la que le confiere esa estructura esponjosa característica. En los espacios vacios, alrededor de esta estructura, se almacena la médula ósea roja, encargada de generar las células sanguíneas. Este tejido se nutre a través de los vasos sanguíneos que atraviesan el hueso esponjoso.

En el tejido óseo maduro y en desarrollo, se pueden diferenciar cuatro tipos de células: osteoprogenitoras, osteoblastos, osteocitos y osteoclastos. Los tres primeros tipos son estadios funcionales de un único tipo celular. El proceso reversible de cambio de una modalidad funcional a otra se conoce como modulación celular. Los osteoclastos tienen un origen hematopoyético compartido con el linaje mononuclear-fagocítico. El estadio mitótico de los tres primeros tipos celulares solo se observa en el estadio de célula osteoprogenitora.

Alteraciones de los huesos:

El sistema esquelético está expuesto a patologías de naturaleza circulatoria, inflamatoria, neoplásica, metabólica y congénita, tal como los otros órganos del cuerpo. Aunque no existe un sistema estandarizado de clasificación, los trastornos de los huesos son numerosos y variados.

Deformaciones: Las malformaciones congénitas de los huesos no son muy frecuentes, y por lo general incluyen la ausencia de algún hueso (tal como una falange) o la formación de huesos adicionales como una costilla. Otras deformaciones incluyen el sindactilismo, que es la fusión de dos dedos adyacentes; o el aracnodactilismo, en la que aparecen dedos con la apariencia de una araña, asociado con el síndrome de Marfan. La acondroplasia es el trastorno del crecimiento óseo más frecuente y la principal causa de enanismo.

Fracturas: Una de las afecciones óseas más comunes es la fractura. Estas se resuelven por procesos naturales, tras la alineación e inmovilización de los huesos afectados. En el proceso de cura, los vasos sanguíneos dañados desarrollan una especie de hematoma óseo que servirá como adhesivo y posteriormente se irá formando un tejido fibroso o conjuntivo compuesto por células llamadas osteoblastos, las cuales crearán un callo óseo que unirá las partes separadas. Sin embargo, la falta de tratamiento o inmovilización puede ocasionar un crecimiento anormal. Los métodos para acelerar la recuperación de un hueso incluyen la estimulación eléctrica, ecografía, injertos óseos y sustitutos orgánicos con compuestos cálcicos, tales como huesos de cadáveres, coral y cerámicas biodegradables.

Osteogénesis imperfecta: La osteogénesis imperfecta es más conocida como la enfermedad de los huesos de cristal. Es una enfermedad congénita que se caracteriza porque los huesos de las personas que la padecen se parten muy fácilmente, con frecuencia tras un traumatismo o a veces sin causa aparente.

Esta enfermedad es causada por la falta o insuficiencia del colágeno, por causa de un problema genético.

Osteoporosis: La osteoporosis es el término general para definir la porosidad del esqueleto causada por una reducción de la densidad ósea. En esta enfermedad se muestra la disminución de la resistencia del hueso, debido a una alteración en la remodelación ósea, por ello hay un descenso de la masa ósea, además de presentarse conductos amplios de reabsorción; en tanto que la concentración de calcio en la matriz es normal. La osteoporosis secundaria es la más frecuente y asociada con la tercera edad, la menopausia y la actividad física reducida.

En homeostasis la unión del estrógeno con los osteoblastos a través de receptores específicos, estimula a los osteoblastos para producir y secretar matriz ósea. Con el decremento de la secreción de estrógeno por la menopausia, la actividad osteoclástica (reabsorción) se vuelve mayor que la osteoblástica (formación de tejido óseo nuevo), teniendo como consecuencia la reducción de la masa ósea, volviendo frágil al hueso, por incapacidad para el soporte de las fuerzas de tensión.

Dolor óseo: Una serie de enfermedades puede causar dolor de huesos, entre las que destacan las siguientes:

Endocrinológicas, tales como el hiperparatiroidismo, la osteoporosis y la insuficiencia renal.

Gastroenterológicas o sistémicas, tales como la enfermedad celíaca y la sensibilidad al gluten no celíaca (que cursan con frecuencia sin ningún síntoma digestivo), la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa.

Hematológicas, como el síndrome de Cushing, el mieloma múltiple, la anemia de células falciformes.

Infecciosas, como la enfermedad de Lyme y la osteomielitis.

Neurológicas, como los las lesiones de la médula espinal y la degeneración vertebral.

Oncológicas, como las metástasis óseas y la leucemia.​

Ortopédicas, como las fracturas, la artrosis y la osteítis deformante (también llamada enfermedad de Paget).

Pediátricas, como el raquitismo y la artritis juvenil idiopática.

Reumatológicas, como la espondilitis anquilosante, la artritis reumatoide y la gota.

ARTICULACIONES: forman parte del aparato locomotor, son tejidos anatómicos del cuerpo en los que dos o más huesos se unen para permitir el movimiento en diferentes planos y ángulos, (con excepción de los huesos del cráneo), y proporcionan además soporte mecánico a la estructura ósea.

articulación de rodilla

Con excepción del hueso hioides ubicado en el cuello, cada uno de los 206 huesos del cuerpo humano se encuentran conectados por lo menos con otro hueso. Dicha conexión, se realiza a través de las articulaciones que permiten el movimiento corporal de una manera suave y fluida.

Sin embargo, algunos tipos de articulaciones que unen a los huesos por medio de tejido conjuntivo o cartílago, están diseñadas para proporcionar estabilidad, poco o ningún movimiento, por lo que es importante destacar que dicha estabilidad está relacionada con el movimiento. Esto significa, que entre más estable es una articulación el movimiento puede ser más limitado o nulo.

Por el contrario, aquellas articulaciones que proporcionan una mayor amplitud de movimiento son las menos estables.

El conocimiento de la relación entre la estructura y la función de cada una de las articulaciones le ayudará a comprender la clasificación de las articulaciones en ciertas áreas del cuerpo.

Partes de una articulación:

  • Cartílago. Es un tipo de cobertura presente en los extremos de los huesos (epífasis). Este tejido es de tipo conectivo y su función es la de evitar o reducir la fricción provocada por los movimientos.
  • Cápsula y membrana sinovial. Es una estructura cartilaginosa que envuelve la membrana sinovial. Esta membrana posee un líquido pegajoso y sin pigmentación que protege y lubrica a la articulación. A este líquido se lo conoce como membrana sinovial.
  • Ligamentos; son tejidos de tipo conectivo, elásticos, y firmes, y cuya función es rodear la articulación, protegerla y limitar sus movimientos.
  • Tendones. Al igual que los ligamentos, son un tipo de tejido conectivo. Se ubican a los lados de la articulación y se unen a los músculos con el fin de controlar los movimientos.
  • Bursas. Son esferas llenas de líquido que tienen como función amortiguar la fricción en una articulación. Se encuentran en los huesos y en los ligamentos.
  • Menisco. Se halla en la rodilla y en algunas otras articulaciones. Posee forma de medialuna.

Las articulaciones reciben del torrente sanguíneo la irrigación mediante las arterias articulares. Dentro de las articulaciones se hallan nervios articulares que derivan de los nervios cutáneos. Estos tienen como función principal la de informar sobre la posición del cuerpo o sus sensaciones. Por este motivo, tanto las cápsulas fibrosas como los ligamentos, poseen una gran cantidad de fibras muy sensibles al dolor.

Para poder estudiar las articulaciones, pueden clasificarse en dos enormes clases:

  • Por su estructura (morfológicamente): los diferentes tipos de articulaciones se clasifican según el tejido que las une en varias categorías: fibrosas, cartilaginosas, sinoviales o diartrodias.
  • Por su función (fisiológicamente): el cuerpo humano tiene diversos tipos de articulaciones, como la sinartrosis (no móvil), anfiartrosis (con movimiento muy limitado -por ejemplo la columna vertebral-) y diartrosis (mayor amplitud o complejidad de movimiento).

La clasificación que más nos interesa a nosotros es según su funcionalidad o su movilidad:

  • Articulaciones móviles (diartrosis). Son las articulaciones más numerosas y con mayor movilidad en el organismo. También se las conoce como sinoviales. Según su tipo de movimiento se dividen en:
    • Troclear. Son similares a una bisagra y permiten realizar movimientos de flexión y extensión. Por ejemplo, la articulación del codo y los dedos.
    • Artrodias. Deslizantes o planas, permiten movimientos de desplazamientos. Su superficie es aplanada.
    • Pivote. Sólo permiten una rotación lateral y medial. Por ejemplo, articulaciones del cuello.
    • Esféricas. Tienen libertad de movimiento y su forma es redondeada. Por ejemplo las articulaciones de la cadera.
    • Encaje recíproco o “silla de montar”. Deben su nombre a que su estructura se asemeja a una silla para montar. Por ejemplo, la articulación carpo-metacarpiana del pulgar.
    • Elipsoidales. Se presentan uniendo 2 huesos irregularmente, es decir, cuando uno de los huesos es cóncavo y otro convexo.
  • Articulaciones con movilidad limitada (anfiartrosis). Son cartilaginosas y poseen cierta de movilidad. Se dividen en:
    • Anfiartrosis verdaderas.
    • Diartroanfiartrosis.
  • Articulaciones sin movilidad (sinartrosis). Son de tipo fibrosas y carecen de movilidad. Se clasifican en:
    • Sincondrosis.
    • Sinostosis.
    • Sinfibrosis.

Los movimientos articulares se clasifican en:

  • Deslizamiento.
  • Angulación: clasificadas en:

Flexión: reducen el ángulo entre las partes del cuerpo o los huesos.

Extensión: aumentan el ángulo entre las partes del cuerpo o los huesos

Abducción: alejan una estructura de otra.

Aducción: acercan una estructura de otra.

Circunducción: realiza una combinación de movimientos de extensión, flexión, abducción y aducción.

Rotación.

Lesiones articulares: Las articulaciones experimentan un desgaste natural a través del tiempo y pueden llegar a sufrir lesiones que perjudican a la estructura articular.

Los diferentes tipos de articulaciones sufren problemas que provocan molestias y que se pueden convertir en graves trastornos a los pacientes, siendo más afectadas la rodilla, tobillo, codo y articulación carpiana,

Entre las lesiones articulares más frecuentes se encuentran: La osteoartritis, artritis reumatoide, y enfermedades que se relacionan íntimamente como la fibromialgia, gota, lupus, artritis psoriásica, síndrome de Reiter, de Sjögren. Todas las articulaciones sometidas a un sobre esfuerzo, como es el causado por el sobrepeso o la práctica sin tiempo de reposo de algún deporte, aumenta el riesgo de lesión en las mismas.

El desgaste articular debe ser tratado con medidas que regeneren las estructuras de la articulación. Únicamente el cartílago es incapaz de proceder a una restauración completa de su estructura, por lo que es muy importante evitar lesiones en esa zona, que antes o después son responsables de la aparición de artrosis.

El tratamiento para las lesiones articulares dependerá de cada lesión y de su gravedad, la Proloterapia debido a las soluciones proliferantes con las que se lleva a cabo el tratamiento suele ser una de las mejores opciones en cualquier lesión de origen articular. Para ello es indispensable determinar el origen de la lesión y analizar el estado de salud general del paciente.

Ligamentos

Los ligamentos articulares son aquellos que se encuentran uniendo las diferentes articulaciones. Todas las articulaciones cuentan con ligamentos, estos serán más o menos numerosos, o robustos en función de las características de la articulación.

Los ligamentos son haces de tejido conectivo que conectan un hueso con otro hueso adyacente. El elemento básico de los ligamentos son las fibras de colágeno estas fibras son muy fuertes, flexibles y resistentes a los daños causados por las tensiones de tracción o compresión. Las fibras de colágeno se disponen generalmente en haces paralelos, que ayudan a multiplicar la resistencia de las fibras individuales. Los haces de colágeno están unidos al revestimiento exterior que rodea a todos los huesos, el periostio.

Por lo tanto, los ligamentos son estructuras de tejido conjuntivo que unen a las articulaciones permitiendo los movimientos fisiológicos de las mismas y limitando los movimientos anormales o lesivos. Los ligamentos presentan 3 funciones principales y te las contamos a continuación.

Bicep y Tricep, protagonista y antagonista

Dentro de las funciones de los ligamentos, tenemos:

  • Estabilizan los extremos articulares.
  • Guían el movimiento.
  • Facilitan la información propioceptiva enviando información, a través de las terminaciones nerviosas al sistema nervioso central.

Los ligamentos tienen un grado de especialización muy elevado, ya que son tejidos extraordinariamente definidos para cumplir su función.

Composición: los ligamentos están constituidos fundamentalmente por colágeno de tipo 1 (70%) y hay gran cantidad de fibras de elastina, y algunas células de tipo fibroblástico (células alargadas y fusiformes que se disponen siguiendo el eje longitudinal del ligamento).

La mayor parte de los ligamentos son extra articulares. Estos ligamentos mantienen continuidad con otros tejidos que están próximos a ellos, se entremezclan a veces con la cápsula articular, con el tejido sinovial, con el tejido conjuntivo, el tejido adiposo… todas las estructuras que están alrededor de la articulación.

Propiedades biomecánicas: Los ligamentos no tienen un comportamiento elástico, excepto uno: el ligamento amarillo que está situado en la columna vertebral.

Los ligamentos son fácilmente elongables, pero a medida que la tracción aumenta, el ligamento se va convirtiendo cada vez en una estructura más rígida. Esto se produce por la disposición de las fibras de colágeno.

La deformidad en los ligamentos no solo depende de la magnitud de la fuerza que los deforma, sino también del tiempo de aplicación de esa fuerza.

Los ligamentos extra articulares están poco vascularizados, pero reciben aportes vasculares tanto de las inserciones como a través de los tejidos circundantes.

Los ligamentos intrarticulares (por ejemplo los cruzados), reciben una vascularización muy pobre.

La rotura de un tejido que tenga pobre vascularización no se va a cicatrizar; sin embargo, si el tejido que se rompe está muy bien vascularizado, la cicatrización se va a producir más fácilmente. Por lo que, la cicatrización de todos los ligamentos no va a ser igual.

Lesiones ligamentarias: las más habituales se van a producir por tracción o por torsión, y se acompañan de una desestructuración del tejido de manera notable. Por acción de la tracción se pone en tensión el tejido y se rompe, quedando muy desestructurado. Los extremos se deshilachan de manera irregular y quedan haces deformados, que se han estirado y deformado antes de romperse. Esto es lo que se conoce como esguince o distensión de ligamento.

Vuelos laterales deltoides posteriores
  • MUSCULO: son los elementos activos del aparato locomotor. Son capaces de transformar energía química (de los alimentos) en energía mecánica (movimiento). El sistema muscular está compuesto por dos importantes estructuras, los músculos y  tendones. La especie humana posee más de seiscientos músculos.

Funciones: El sistema muscular es responsable de:

  • Locomoción: efectuar el desplazamiento de la sangre y el movimiento de las extremidades.
  • Actividad motora de los órganos internos: el sistema muscular es el encargado de hacer que todos nuestros órganos desempeñen sus funciones, ayudando a otros sistemas como por ejemplo al sistema cardiovascular.
  • Información del estado fisiológico: por ejemplo, un cólico renal provoca contracciones fuertes del músculo liso generando un fuerte dolor, signo del propio cólico.
  • Mímica: el conjunto de las acciones faciales, también conocidas como gestos, que sirven para expresar lo que sentimos y percibimos.
  • Estabilidad: los músculos conjuntamente con los huesos permiten al cuerpo mantenerse estable, mientras permanece en estado de actividad.
  • Postura: el control de las posiciones que realiza el cuerpo en estado de reposo.
  • Producción de calor: al producir contracciones musculares se origina energía calórica.
  • Forma: los músculos y tendones dan el aspecto típico del cuerpo.
  • Protección: el sistema muscular sirve como protección para el buen funcionamiento del sistema digestivo como para los órganos vitales.

Composición química del tejido muscular.

Sarcomero

Agua: que representa, aproximadamente, las tres cuartas partes del peso del músculo.

Proteínas y compuestos nitrogenados: que representan los cuatro quintos del peso seco. Entre estas sustancias se encuentran: el miógeno (proteína del sarcoplasma); la mioglobina, parecida a la hemoglobina de la sangre y que funciona como transportador de oxígeno.

La miosina: globulina constituida por cadenas de polipéptidos y la actina, proteína que aparece en dos formas: la G-actina de forma globular y la F-actina de forma filamentosa. Como cuerpos derivados de las proteínas figuran: el fosfágeno, que al hidrolizarse libera calor y actúa como donador de fósforo; el ATP (adenosín trifosfato o trifosfato de adenosina) y sus derivados, ADP o AMP. 3. Del grupo de los hidrocarbonados está el glucógeno, almacenado como material de reserva energética en una proporción del 0,5 al 1 %. El ácido láctico, producto de degradación de la glucosa. 4. Lípidos. La cantidad de grasas que contiene el tejido muscular varía con la alimentación y es distinta según la especie animal. 5. Compuestos inorgánicos. Entre las sales inorgánicas más importantes están las de sodio, con cuyos iones está ligada la excitabilidad y contracción. El potasio, cuyos iones retardan la fatiga muscular. El ion calcio y el fósforo.

Tipos de músculos

Músculo estriado (esquelético): el músculo estriado es un tipo de músculo que tiene como unidad fundamental el sarcómero. Está formado por fibras musculares en forma de huso, con extremos muy afinados, y más cortas que las del músculo liso. Éstas fibras poseen la propiedad de la plasticidad, es decir, cambian su longitud cuando son estiradas, y son capaces de volver a recuperar la forma original. Para mejorar la plasticidad de los músculos, sirven los estiramientos. Es el encargado del movimiento de los esqueletos axial y apendicular y del mantenimiento de la postura o posición corporal. Además, el músculo esquelético ocular ejecuta los movimientos más precisos de los ojos

Músculo liso: el músculo liso, también conocido como visceral o involuntario, se compone de células en forma de huso que poseen un núcleo central que asemeja la forma de la célula que lo contiene, carecen de estrías transversales aunque muestran ligeramente estrías longitudinales. El estímulo para la contracción de los músculos lisos está mediado por el sistema nervioso vegetativo autónomo. El músculo liso se localiza en los aparatos reproductor y excretor, en los vasos sanguíneos, en la piel, y órganos internos.

Músculo cardíaco: el músculo cardíaco (miocardio) es un tipo de músculo estriado encontrado en el corazón. Su función es bombear la sangre a través del sistema circulatorio por contracción. El músculo cardíaco generalmente funciona involuntaria y rítmicamente, sin tener estimulación nerviosa. Es un músculo miogénico, es decir autoexcitable. Las fibras estriadas y con ramificaciones del músculo cardíaco forman una red interconectada en la pared del corazón. El músculo cardíaco se contrae automáticamente a su propio ritmo, unas 100.000 veces al día. No se puede controlar conscientemente, sin embargo, su ritmo de contracción está regulado por el sistema nervioso autónomo dependiendo de que el cuerpo esté activo o en reposo.

Estructura morfológica de la fibras musculares esqueléticas:

Las fibras musculares son, en general, más grandes que las del TML; cilíndricas, estriadas y con múltiples núcleos ubicados periféricamente. Su contracción es regulada voluntariamente. Se unen a los huesos por los tendones. Una característica propia de este tejido es la presencia de estrías transversales. Si se observa una fibra muscular con luz polarizada, se la encuentra constituida por bandas mayores con birrefringencia positiva, las bandas oscuras A, que alternan con bandas menores con birrefringencia negativa, las bandas claras I. A su vez, las bandas A tienen una banda central, la banda H o estría de Hensen; en el centro de esta banda se describe una línea M. Cada banda I posee una línea central llamada línea Z. A un segmento comprendido entre dos líneas Z se lo denomina sarcómero, y esta secuencia se repite a todo lo largo de la fibra muscular. Las miofibrillas están constituidas por dos tipos de miofilamentos: filamentos gruesos de miosina y filamentos finos de actina. La distribución de los filamentos es diferente para cada banda. En un corte transversal observado al microscopio electrónico, es posible notar que en la banda A cada filamento de miosina se encuentra rodeado de seis filamentos de actina. Además la miosina envía prolongaciones que se disponen radialmente, dirigiéndose hacia las fibras de actina. En las bandas H se encuentra únicamente filamentos gruesos de miosina. La distribución en la banda I muestra sólo seis filamentos delgados de actina. La base fundamental de los miofilamentos es su organización macromolecular, es decir, a sus proteínas estructurales. Las esenciales son la miosina, la actina y la tropomiosina, que representan el 70% del total de las proteínas del músculo. El 30% restante está constituído por proteínas solubles, algunas de ellas enzimas y mioglobina, proteína encargada de transportar oxígeno. Otras proteínas involucradas en la contracción muscular son: tropomiosina, troponina y calcecuestrina.

La membrana plasmática de la fibra muscular se continúa con un sistema de túbulos transversales, los túbulos T, que están en contacto con el retículo endoplásmico que recibe el nombre de retículo sarcoplásmico y es un sistema complejo formado por cisternas y túbulos que se orientan paralelamente a la miofibrilla. La función de ambos es la conducción y liberación de las sustancias que intervienen en la contracción muscular. Gracias a su disposición es posible que un cambio de la membrana plasmática externa pueda dar lugar a respuestas casi simultáneas de varios sarcómeros y como consecuencia, de las miofibrillas de toda una masa de fibras musculares. La irrigación del músculo estriado esquelético se hace por medio del tejido conectivo que lo rodea. La inervación se realiza mediante filetes del sistema nervioso central que llegan también por el tejido conectivo. Cada fibra nerviosa puede inervar sólo una fibra muscular. A este conjunto se lo conoce como unión neuromuscular.

MECANISMO DE LA CONTRACCIÓN MUSCULAR

Cuando es nuestra voluntad mover alguna parte de nuestro cuerpo, en el cerebro se genera un impulso nervioso que es transmitido a través de las neuronas motoras, y viaja hasta el extremo del axón, el cual hace contacto con nuestros músculos en la llamada unión neuromuscular.

Contración muscular: Durante la contracción, la longitud del sarcómero disminuye dado que los filamentos de actina se deslizan hacia el centro de la banda A formando la línea M. De este modo la banda H y la banda I se hacen más angostas, mientras que la banda A mantiene inalterada su longitud. Este mecanismo de contracción, denominado «hipótesis de deslizamiento de los filamentos» tiene como resultado total, que la líneas Z se acercan entre sí y toda la miofibrilla se acorta El filamento de miosina está formado por muchas moléculas de miosina, cada una de las cuales está constituida por dos cadenas polipeptídicas largas que terminan en una cabeza globular. El filamento de actina consiste en dos cadenas entrelazadas de monómeros globulares de actina envueltas por tropomiosina y troponina.

Tipos de acción muscular

Isométrica: en este tipo no existe desplazamiento entre los segmentos articulares. La fuerza aplicada es igual a la resistencia a vencer. Existe un alargamiento del tendón y a la vez un acortamiento del músculo, en consecuencia no varía la longitud del mismo.

Isotónica concéntrica: existe una aproximación entre los segmentos articulares, dando lugar a un trabajo positivo. La fuerza aplicada es mayor a la resistencia a vencer. Existe un mantenimiento de la longitud del tendón, pero un acortamiento del músculo, en consecuencia existe una disminución de la longitud del mismo.

Isotónica excéntrica: en este tipo de contracción, existe una separación de los segmentos articulares, dando lugar a un trabajo negativo. La fuerza aplicada es menor que la resistencia a vencer. Existe una elongación del tendón, y un acortamiento del músculo, en consecuencia se da un aumento del tamaño del mismo.

Auxotónica: consiste en una combinación de dos contracciones anteriormente mencionadas como son; la isométrica y la isotónica concéntrica, las cuales se encuentran combinadas en distinta proporción. Ejemplos de esta contracción pueden ser; la ejecución de un golpe de golf, o el levantamiento de pesas en un banco.

Isocinética: es un tipo de contracción dinámica con velocidad fija y la resistencia a vencer de tipo variable. Es una combinación de tres tipos de contracción; en primer lugar contracción excéntrica, posteriormente un tiempo mínimo de isometría y un tiempo final de trabajo concéntrico.

Tipos de fibras musculares esqueléticas:

Existen dos tipos de fibras musculares esqueléticas que no se diferencian tanto en su estructura como en su actividad funcional, ellas son: las fibras musculares tipo I, denominadas también rojas o de contracción lenta y las fibras musculares tipo II, llamadas también blancas o de contracción rápida.

Fibras tipo I: denominadas también rojas o de contracción lenta. Se caracterizan por un número reducido de miofibrillas que se agrupan en determinadas zonas, denominadas campos de Cohnheim. El sarcoplasma es muy abundante y contiene una elevada cantidad de mioglobina (lo que le da un color rojo muy intenso), de mitocondrias y de gotas lipídicas. La abundancia de mitocondrias y la capacidad de almacenamiento de oxígeno que le confiere la mioglobina, determinan que la energía necesaria para sus procesos se obtenga fundamentalmente por vía aerobia, mediante el ciclo de Krebs.

La lentitud de la contracción es causada por el reducido número de elementos contráctiles (miofibrillas) en relación con la masa de elementos pasivos o elásticos, cuya resistencia debe ser vencida antes de que se produzca la contracción.

Son, por el contrario, fibras que no se fatigan fácilmente, pues por un lado obtienen gran cantidad de energía por unidad de materia consumida y poseen abundante reserva energética y por otro, en el proceso de combustión, la cantidad de productos residuales producidos es baja.

Fibras tipo II: llamadas también blancas o de contracción rápida. Se caracterizan por la abundancia de miofibrillas que ocupan la casi totalidad del sarcoplasma. El sarcoplasma es muy escaso y también su contenido en mioglobina y en mitocondrias. Presenta un almacenamiento de carbohidratos en forma de glucógeno. Dentro de las fibras blancas se pueden distinguir dos subtipos: las Fibras II-A que obtienen la energía a partir tanto de la vía aerobia como de la vía anaerobia mediante glucólisis y las Fibras II-B en que sólo existe prácticamente la vía anaerobia. En este segundo caso, tanto las mitocondrias como la mioglobina son muy escasas. Son fibras de contracción rápida pues poseen un número elevado de elementos contráctiles en relación con los pasivos o elásticos. Las Fibras II-B se fatigan rápidamente pues la cantidad de energía producida es baja, sus reservas escasas y la producción de sustancias residuales alta. Las Fibras II-A tienen un comportamiento intermedio respecto a esta característica. Dentro de un músculo suelen existir fibras de ambos tipos, aunque según el tipo de movimiento habitualmente realizado predominan los de uno de ellos. Las fibras rojas predominan en los músculos posturales (músculos del tronco) cuya actividad es continua y las blancas en los músculos relacionados con el movimiento (músculos de las extremidades) que necesitan contraerse con mayor rapidez.

LESIONES MUSCULARES

  • Contracturas: Son lesiones que se producen debido a una sobrecarga de trabajo en un músculo determinado. Consiste en un estado de rigidez involuntario de uno o varios músculos. Por ejemplo, los futbolistas suelen tener contracturas en la zona del cuádriceps o del gemelo.

  • Calambres: Son contracciones involuntarias y dolorosas de uno o varios músculos. A diferencia de las contracturas, que tienen un carácter más duradero, los calambres son breves en sí mismos, pero pueden llegar a durar bastante tiempo. Podría equipararse a recibir pequeñas descargas eléctricas en el músculo.

  • Distensiones: Se produce cuando un músculo es sometido a una tensión exagerada y se produce un desgarro. Es una lesión bastante dolorosa, que puede ser provocada por golpes o sobrecarga de ejercicio.

  • Contusión: Se produce por el impacto de algún cuerpo en el músculo, que al chocar con el hueso se rompe produciendo una hemorragia (lo que llamamos un hematoma). Su gravedad depende de la fuerza, lugar, o cercanía del impacto.

  • Desgarro fibrilar: Lo que se suele denominar una rotura de fibras. Las fibras musculares se pueden romper a causa de la fatiga muscular intensa o a fuertes traumatismos.

  • Desgarro total: Se trata de la misma lesión que en el caso anterior, pero en este caso de mayor gravedad (mínimo 3 semanas de recuperación). En este caso la rotura de las fibras del músculo es total y afecta también a otras partes del músculo y los vasos sanguíneos.

TENDONES

son estructuras anatómicas situadas entre el musculo y el hueso cuya función es transmitir la fuerza generada por el primero al segundo, dando lugar al movimiento articular. En la unidad de movimiento básica un musculo tiene dos tendones uno proximal y otro distal. Los tendones y ligamentos poseen tres zonas especificas en toda su  longitud: 1 el punto de unión tendón-hueso se denomina unión miotendinosa (UTM); 2 la unión tendón- hueso recibe el nombre de unión osteotendinosa (UOT); 3 en la zona media o cuerpo del tendón este a veces puede cambiar de dirección apoyándose en las poleas óseas.

Esquema simplificado de la biomecánica articular: el musculo bíceps braquial se une a sendos tendones en sus extremos (UMT). A su vez, los tendones se insertan en distintos huesos (UOT), para formar la palanca simple responsable de la movilidad articular.

Los tendones presentan un aspecto blanquecino a causa de su relativa avascularidad. Están compuesto de colágeno un 30% y de elastina un 2% todo ello en el seno de una matriz extracelular  que contiene un 68% de agua.

Morfológicamente el tendón varia en forma y tamaño puede ser aplanado o redondeado; con respecto al musculo puede encontrarse en el origen, en la inserción o formando intersecciones tendinosas dentro de él.

Los tendones pueden estar encapsulados, esto es, rodeados por la membrana sinovial de la articulación; en tal caso se denominan intracapsulares. Los tendones que discurren bajo retináculos se encuentran enclaustrados en túneles fibrosos; ejemplos de ellos son los tendones largos de la mano, la muñeca o el pie.

El grado o amplitud del movimiento de la UMT y la fuerza aplicada al tendón determinan la orientación de las fibras y la mayor amplitud del movimiento del músculo y del tendón11. El tendón, en ocasiones, se halla alejado del músculo al que acompaña, como ocurre en los músculos de los dedos de la mano, cuyos tendones se localizan en el antebrazo.

Los tendones pueden presentar múltiples variaciones en su diseño, de tal modo que pueden ser cortos y gruesos, porque deban transmitir una fuerza importante, como ocurre con el tendón del cuádriceps, o bien largos y finos, como ocurre con los tendones de los dedos, responsables de la ejecución de movimientos delicados, no vigorosos, o con los tendones peroneos, que discurren por espacios estrechos.

ELEMENTOS EXTRATENDINOSOS: De acuerdo con la clasificación de Ippolito y Postacchini, las estructuras que rodean al tendón pueden agruparse en cinco categorías:

1)  Las vainas fibrosas son los conductos a través de los cuales los tendones se deslizan durante su recorrido. Están presentes en tendones que tienen que recorrer un largo camino para alcanzar su punto de inserción y pueden, por ello, estar sometidos a importantes fricciones; en ocasiones, los huesos les ofrecen escotaduras y hendiduras provistas de suelo fibrocartilaginoso y cubiertas por una capa fibrosa o retináculo. Ejemplo de ello es el retináculo de los flexores y extensores de la mano y el pie.


2)  Las poleas de reflexión son refuerzos anatómicos de las vainas fibrosas localizados en los lugares curvos que se pueden encontrar en el curso del tendón. Su misión en mantener el tendón dentro del lecho por el que se desliza.


3)  Las vainas sinoviales son túneles de acceso por los que los tendones acceden al hueso o a otras estructuras anatómicas que pueden causar fricción sobre el tendón. Su finalidad es minimizar dicha fricción. Más frecuentemente se las encuentra alrededor de los tendones de la mano  y el pie. Situada bajo una capa fibrosa, la vaina sinovial se compone de dos capas finas y serosas, las vainas parietal y visceral. Estas vainas forman un conducto cerrado que contiene un fluido peritendinoso que se encarga de la lubricación tendinosa.


4)  Algunos tendones, como los que carecen de una vaina sinovial verdadera, disponen de una vaina peritendinosa o paratendón para reducir la fricción. Su función es permitir el libre movimiento del tendón contra los tejidos colindantes. Característicamente, el tendón de Aquiles es un claro ejemplo en el que se puede observar el paratendón con finas membranas de deslizamiento. Cuando el paratendón contiene células sinoviales recibe el nombre de tendosinovial; la ausencia de dichas células y la presencia de una doble capa le confiere el nombre de tendovaginal.


5)  Las bursas (bolsas) constituyen el quinto tipo de estructura extratendinosa. Son pequeños sacos de líquido situados entre dos estructuras adyacentes –músculo, tendón o hueso– donde actúan como amortiguadores, reduciendo la fricción y asistiendo el movimiento. Juegan un papel importante en la reducción de la fricción. Están localizadas en lugares anatómicamente escogidos donde músculos y tendones pueden sufrir fenómenos compresivos contra prominencias óseas que dificultan el deslizamiento de estas estructuras. Ejemplos de ello son las bursas retrocalcánea, subacromial o infrarrotuliana.

COMPONENTES DEL TENDON

El tendón está constituido por distintos elementos: células, sustancia fundamental y fibras de colágeno , todo ello mantenido por diferentes tipos de enlace. Estos elementos constituyen el cuerpo del tendón en distintas proporciones:

Células Fibroblasto es la célula predominante
Producen colágeno y sustancia fundamental necesarias para la cicatrización.
Sustancia fundamental Elementos más frecuentes: proteoglicanos y agua.
Organiza y controla el tejido colágeno.
Actúa como barrera ante algunas sustancias
Facilita la nutrición.
Soporta las propiedades mecánicas durante la compresión.
Fibras de colágeno Moléculas de colágeno empaquetadas como miofibrillas.
Microfibrillas empaquetadas como fibras de colágeno.
Colágeno tipo I más presente en el tendón
Gran fuerza tensil.

BIOMECANICA DEL TENDÓN

Tanto las actividades de la vida diaria como la práctica deportiva implican movimiento de mayor o menos intensidad que someten al tejido conectivo, especialmente ligamentos y tendones, a un determinado grado de estrés, por lo que la respuesta mecánica ha de ser adecuada a cada situación.

El tendón está diseñado para transmitir fuerzas con deformación y pérdida de energía mínimas. Su función por excelencia es transmitir la fuerza generada en el musculo al hueso para generar movimiento. En esta misión el tendón es sometido a distintas fuerzas de tensión, por lo que se alargara o contraerá para trabajar con el menor coste energético. Si el tendón fuera totalmente inextensible, la fuerza muscularseria transmitida integra y directamente al ueso, el cual estaría obligado a responder adecuadamente a esa fuerza. La presencia del tendón entre l hueso y el vientre muscular, como adaptador y disparador de esa fuerza, juega un papel fundamental en la unidad musculo-tendon-hueso.

CARACTERÍSTICAS DEL TENDÓN

En primer lugar, los tendones están diseñados para resistir grandes fuerzas de tensión. Para este propósito el colageno dispone de una estructura muy particular tanto a nivel primario como supramolecular. En segundo lugar, los tendones muestran un punto concreto de extensibilidad, lo cual se debe a la configuración del colageo y a la presencia en su composición de fibras elásticas. En tercer lugar, los tendones son muy resistentes a la elongación y poseen gran capacidad elástica, por lo que pueden asumir el cambio de dirección de la tracción.

En los tendones en que las fuerzas son ejercidas en todas direcciones, los haces de fibras de colgeno se disponen entrecruzados. Por el contrario, en los tendones en el que las fuerzas aplicadas son unidireccionales, las fibras de colágeno muestran una disposición paralela y ordenada en el sentido de la aplicación de dichas fuerzas.

LESIONES TENDINOSAS

Lesión por traumatismo directo o indirecto: globalmente las lesiones del tendón se han dividido en agudas (roturas, laceraciones, contusiones) y crónicas (por sobrecarga). Sin embargo, es más adecuado hablar de lesiones por traumatismo directo, en las que una gente causal externo conocido daña directamente el tendón, produciendo su rotura o laceración, y por traumatismo indirecto, en las que microtraumas de repetición van provocando la lesión. Las tendinopatías se encuentran dentro de este último tipo.


Tendinopatía: este concepto engloba a las lesiones por sobrecarga del tendón y las estructuras que lo rodean (paratendon y entesis). Describe un síndrome clínico en el que están presentes, en mayor o menor medida, tres componentes: dolor, inflamación (difusa o localizada) e impotencia funcional. Dentro de este grupo de lesiones encontramos las tendinosis, tendinitis, paratendinitis y entesopatías.


Tendinosis: es la lesión más frecuente dentro de la patología de sobrecarga.


Ha sustituido al término tendinitis, ya que en estos cuadros no existen signos clínicos ni histológicos de inflamación. Puede producirse como consecuencia de la degeneración por la edad, por microtraumatismos de repetición o por problemas vasculares. Histológicamente existen signos de degeneración que afectan a todos los componentes del tendón pero que no necesariamente tiene repercusión clínica, por tanto son lesiones que en muchas ocasiones no producen síntomas.


Tendinitis: este concepto ha sido, y todavía es usado en muchas ocasiones, para definir un síndrome clínico doloroso, sin que necesariamente existiera un proceso inflamatorio subyacente, tal y como el sufijo –itis parece indicar. En la actualidad, la mayor parte de las lesiones catalogadas anteriormente como tendinitis se incluyen en el grupo de las tendinosis. Por tanto, atendiendo a los conceptos actuales, sólo deberíamos hablar de tendinitis cuando existiera un verdadero proceso inflamatorio en el espesor del tendón. Este hecho es poco frecuente en la lesión por sobrecarga, y aparece casi exclusivamente en el contexto de las enfermedades inflamatorias sistémicas con afectación osteoarticular.


Paratendinitis:este término incluye las peritendinitis, las tenosinovitis (cuando se afecta una única capa de la vaina tendinosa) y las tenovaginitis (cuando afecta a la doble capa de la vaina). Son cuadros clínicos donde aparece una verdadera inflamación e hiperemia peritendinosa, y que se corresponde histológicamente con un infiltrado de células inflamatorias. Suele aparecer en tendones que se deslizan sobre una superficie ósea y en ocasiones se asocian con una tendinosis, haciendo que ésta última se aparezca como sintomática.


Entesopatias: se denomina entesis a la inserción de un tendón, ligamento, cápsula o fascia en el hueso. La respuesta de esta estructura a microagresiones de repetición (tracción-estiramiento) provoca cambios degenerativos que finalmente pueden producir síntomas, en este contexto es cuando hablamos de entesopatía. Sin embargo, cuando aparece una entesitis, es decir, cuando existe un verdadero proceso inflamatorio, suele existir de fondo una enfermedad inflamatoria sistémica, como ocurre en las espondiloartropatias.